flechaEn nuestros días Galicia aún tiene un fuerte componente rural, lo cual deriva no tanto por el peso del sector primario en el producto interior bruto de la Comunidad Autónoma como por la vinculación de sus habitantes con ese mundo, aún cuando las circunstancias de trabajo provocan que residan habitualmente en núcleos urbanos. A pesar de esta realidad, si no reacciona a tiempo, también Galicia corre el riesgo de perder buena parte del conjunto de valores conectados con la cultura rural y el equilibrio, esencialmente sostenible, que contextualizaba la producción agraria y sus necesidades colaterales en un marco físico concreto y determinado.

Las características específicas de la población gallega en el espacio rural –dispersa, poco cualificada y con profesiones sometidas a una intensa transformación tecnológica- y la deficitaria situación de la productividad agraria han provocado el traslado de mucha gente del campo a las ciudades y como consecuencia, el abandono de numerosos asentamientos rurales, sobre todo en las provincias gallegas del interior, donde esta tendencia parece imparable. En contraste con esta realidad, se aprecia entre la población urbana un movimiento que vuelve su mirada hacia la el territorio rural y sus paisajes bien conservados, cuyo conocimiento y disfrute resulta hoy accesible gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación y las modernas infraestructuras viarias.

No podemos ignorar que la pérdida de población rural y su consiguiente envejecimiento es un problema grave ni desconocer que la solución se encuentra más que en el campo de la demografía en el deuna política integral en favor del rural. Para lograr mantener el mundo rural vivo se requieren formas de actuar que velen para que el sistema productivo no resulte irreversiblemente dañado, los servicios públicos sean sostenibles, y se implanten planes de ordenación territorial que busquen un equilibrio ponderado y racional, en sus aspectos urbanísticos, infraestructurales y de equipamientos.

El reto no es fácil pero parece claro que el futuro del rural debe pasar no sólo por el desarrollo de las actividades propias de la producción agroalimentaria y forestal, sino también por una apuesta decidida en favor de la diversificación económica de estas áreas, con actividades complementarias como las que se derivan del desarrollo del sector turístico vinculado a la naturaleza o las rutas históricas y paisajísticas, etnográficas o gastronómicas.

El medio rural gallego presenta debilidades y oportunidades que conviene analizar para adoptar decisiones tendentes a poner en valor sus potencialidades. Estamos ante una tarea urgente y corresponde acometerla no sólo a los políticos sino a todos los agentes que operan en él. En el debate sobre las vías de transformación socioeconómica del rural no caben las recetas generales sino que cada comarca debe buscar su camino más adecuado de desarrollo dentro del marco común.

En este contexto, FUNDESAR quiere comprometerse con esa tarea y cooperar para incentivar la economía sostenible y la fijación de la población en el medio rural de Galicia, comenzando por las zonas de influencia de los centros educativos ubicados en los inmuebles de su propiedad: las comarcas de Bergantiños y Tierras de Melide.